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‘Supa Modo’: la mirada sobre el cine más lúcida y emotiva desde ‘Cinema Paradiso’

‘Cuando despertamos, el cine todavía estaba allí. Y menos mal’. De haber escrito el cuento más inquietante, corto e intenso de la literatura universal en estas fechas, Augusto Monterroso, escritor guatemalteco de origen hondureño, quizás hubiese cambiado algunas palabras y sustituido su título, ‘El Dinosaurio’, por otro (¿La esperanza, la imaginación…?). En todo caso hemos echado tanto de menos nuestras acogedoras salas oscuras, que su apertura ha supuesto un inmenso alivio y una necesaria bocanada de oxígeno.

La pregunta que todo el universo se plantea es si las nuevas costumbres de este ‘no-tiempo’ cambiarán nuestros hábitos de antaño (que lejano, al mismo tiempo que duradero, parece un periodo de tan solo tres meses). Necesidad obliga, nos hemos lanzado a las plataformas con un apetito voraz y sin ningún tipo de remordimiento. Confieso que las otras pantallas me recuerdan la masturbación. Sin lugar a dudas, placentera pero un tanto frustrante. El retorno a LA pantalla, en una sala bien oscura, ha sido el reencuentro con el/la otro/a, volver a hacer el amor con la imaginación y dejarse llevar por el sentimiento de compartir una experiencia. Se vuelve y se volverá al cine. Siempre.

Excelente olfato el de la distribuidora ‘El Sur’al elegir ’Supa Modo’, de Likarion Wainaina, para el abrir el retorno al baile de las imágenes en gran pantalla. Nadie había tratado el cine con tanta emoción, cariño y lucidez, desde el gran clásico ‘Cinema Paradiso’, como esta brillante ópera prima keniata, seleccionada en la Berlinale 2018 (Sección Generation) y avalada por más de 40 premios en festivales internacionales. De hecho, sus primeras imágenes corresponden a un cine muy especial africano y el absoluto deslumbramiento de los niños que disfrutan del film.

supa modo

Supa Modo

Jo, una niña de nueve años, está confinada en un ingrato espacio, alejada de su familia, una madre adorable y su hermana mayor, cómplice de todos sus juegos. Ellas deciden que Jo debe regresar a casa y pasar el mayor tiempo posible juntas frente a un futuro incierto. Para aliviar sus dolores y acentuar la sonrisa de Jo, su hermana comienza a imaginar situaciones para que su hermanita viva con plenitud su infancia, logrando ser lo que siempre ha deseado: convertirse una superheroína.

Tras un primer tercio de la película en la que se plantea una situación ya conocida por el público, el film cambia de perspectiva, deja la parte dedicada a la imaginación como arma de construcción masiva, y se eleva con maestría. Jo sabe más de lo que parece y su verdadero sueño es rodar una película.

Al fin y al cabo, ¿qué es la vida? Una película en la que tú eres el protagonista, bajo el mando de un director, no siempre inspirado, y en la mayoría de las escenas supeditada a un guion impuesto. ’Supa Modo’ reivindica el cine como acto colectivo, nexo de unión y lazo afectivo. Una manera de ver el cine (léase, vivir tu existencia) en la que, si no te gustan tus réplicas, tienes el derecho de improvisar, con el objetivo final de una última toma, en la que estés correctamente situado en el plano y sonriendo a la cámara.

’Supa Modo’, bajo una sencilla apariencia de película familiar, aporta muchísimo más. Afirma que los héroes también pueden ser heroínas, con indiferencia de la edad, y del color de la piel. Jo (me encanta que el nombre de la protagonista se aproxima tanto al ‘yo’, en español) es una niña, de 9 años y africana, y aun así es mucho más valiente que Superwoman.

supa modo

Supa Modo

La película despierta tanto empatía que tres ilustradoras españolas, Natacha Bustos, Marina Vidal y Xulia Vicente, se han en ella para recrear gráficamente el universo de la niña protagonista. Es hora de volver al cine y disfrutar de la espléndida ’Supa Modo’ y su sublime discurso sobre el arte cinematográfico y sus increíbles metáforas.

Una vez que se entra el universo cine, el imaginario colectivo se apodera de la experiencia de una proyección pública. Las sensaciones de los espectadores se transmiten entre ellos, los crujidos de una butaca resuenan en muchísimas filas más atrás y, aunque la alfombra no sea roja ni las estrellas deslumbrantes rubias americanas, nada impedirá que nuestros pies vayan despegándose del suelo y, poco a poco, comencemos, de nuevo, a volar.

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