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Antiguas enfermeras de guerra, sastres de mascarillas o caficultores: Ex guerrilleros de las FARC contra el coronavirus

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«La motivación para ayudar a la comunidad es evitar que esta enfermedad llegue a nuestros hogares», dice una ex guerrillera

MADRID, 24 May. (EUROPA PRESS) –

Un total de 13.510 guerrilleros de las FARC dejaron las armas en 2016 tras firmar la paz con el Gobierno de Colombia. A la inmensa mayoría el coronavirus les ha sorprendido en transición a la vida civil con proyectos que van desde el ecoturismo a la agricultura, algunos de los cuales ahora están en peligro, mientras que otros se han adaptado para ayudar en la lucha contra la COVID-19.

Colombia ha registrado ya más de 18.300 casos de coronavirus, incluidos más de 650 fallecidos. El presidente, Iván Duque, declaró una cuarentena nacional que comenzó el 25 de marzo y que también ha afectado a los 24 Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), donde cerca de 3.000 ex guerrilleros se prepararan junto a sus familias para su regreso a la sociedad colombiana.

Los antiguos ETCR, pensados para una estancia temporal que se ha prolongado años, no tienen la infraestructura normal de una población, por lo que mucho menos están preparados para la pandemia. «Vivimos en precarias condiciones, no tenemos un baño por vivienda, compartimos tres baterías sanitarias para todos y no tenemos acueducto ni alcantarillado. El virus en estas condiciones sería fatal», dice a la ONU Wilman Aldana, ex guerrillero del ETCR de Tierra Grata, en César.

Por ello, se han extremado las precauciones y se ha prohibido la entrada de cualquier persona ajena a los ETCR, al tiempo que se han restringido las salidas de quienes viven o trabajan allí, y se han llevado a cabo tareas de desinfección y campañas informativas. «Nosotros estamos ahora en la legalidad y por eso seguimos las directrices del Gobierno», asevera Wladislav Aguirre, del ETCR de Filipinas, en Arauca.

Uno de los principales problemas de los ETCR en el contexto de la COVID-19 es la falta de instalaciones de higiene y saneamiento. Así, en Guaviare se han colocado duchas en los accesos al lugar para usarlas al entrar y salir y las autoridades colombianas imparten jornadas pedagógicas sobre hábitos saludables como lavarse las manos y hervir el agua antes de consumirla.

Otra de las carencias que se ha agudizado con el coronavirus es la atención sanitaria. En todos los ETCR hay servicios médicos de carácter temporal que se completan con los centros sanitarios de los municipios cercanos, ya que el 98% de los ex guerrilleros de las FARC está afiliado al sistema nacional de salud. Sin embargo, los primeros «se han visto afectados» por la pandemia, de acuerdo con la ONU, y los segundos están fuera de alcance por el confinamiento.

Los ex guerrilleros también han reaccionado a esto. Daniela Canticuz, que se graduó como auxiliar de enfermería en el Servicio Nacional de Aprendizaje después de curar heridas en las FARC, se ocupa actualmente de la atención sanitaria en una zona rural de Nariño. «La motivación para ayudar a la comunidad es evitar que esta enfermedad llegue a nuestros hogares», comenta.

Canticuz explica que «lo primero es reconocer los síntomas». «La mayoría viene con gripas o malestares leves», pero si detecta casos de personas con síntomas persistentes o enfermedades graves da aviso en otra enfermera que hace seguimiento telefónico y, si hace falta una atención especializada, ejerce de enlace con el Hospital Divino Niño.

Además, la Mesa Técnica de Salud del Consejo Nacional de Reincorporación, integrada por agencias gubernamentales y ex guerrilleros de las FARC, está en contacto permanente con los ETCR para detectar inmediatamente cualquier caso de coronavirus.

«Estamos en comunicación diaria y participamos una vez a la semana de la Mesa Técnica de Salud», señala Alminda Mindiola, otrora enfermera del grupo armado que ya tiene el título oficial y trabaja en el ETCR de Tierra Grata.

EMPRESARIOS EN CIERNES

Al margen del aspecto netamente sanitario, el coronavirus ha impactado igualmente en los proyectos empresariales que los ex guerrilleros empezaban a poner en marcha. El Consejo Nacional de Reincorporación (CNR) ha aprobado 52 proyectos colectivos para 2.544 ex guerrilleros por unos 28.600 millones de pesos (unos 7 millones de euros) y otros 1.305 proyectos individuales que benefician a otros 1.531 con una inversión de 11.790 millones de pesos (unos 2,8 millones de euros).

Asimismo, hay 216 «iniciativas productivas que pueden ser el punto de partida para un proyecto productivo, de las cuales 69 cuentan con apoyo de cooperación internacional para el crecimiento de sus negocios, bien sea mediante acompañamiento técnico o apoyo económico», añade un informe de la Consejería Presidencial para la Estabilización y la Consolidación.

El titular de esta oficina, Emilio Archila, precisó –en un encuentro virtual con prensa española celebrado el pasado lunes– que todo esto ha fructificado en la creación de 1.380 empresas, 1.300 colectivas y unas 80 individuales, en apenas dos años para una población total de unas 55.000 personas, entre los antiguos insurgentes y sus familias. «Si hubiera una población de 55.000 habitantes en cualquier parte del mundo que en 20 meses tuviera ese nivel de ‘start up’ sería la más emprendedora del universo», resaltó.

Algunas de estas aventuras empresariales están amenazadas por el coronavirus, bien por su propia naturaleza, como un proyecto de ecoturismo para hacer rafting –«En este, muy seguramente, vamos a tener problemas», asumió Archila–, bien por las restricciones por la pandemia, ya que el número de empleados que pueden estar en los centros de trabajo se ha limitado.

«Muchos proyectos están completamente parados y otros funcionan a media marcha», lamenta Jeiner Arrieta, ex guerrillera en La Guajira. Edison Leyton, por su parte, intenta mantener a flote su taller de ebanistería del ETCR de El Oso, en Tolima. «Tengo siete camas, un comedor de ocho puestos y dos armarios listos, y no los he podido entregar porque no hay transporte, y si no los entrego no me pagan, y sin plata no puedo comprar insumos», expone.

UNA OPORTUNIDAD

Arrieta destaca no obstante que «una pequeña cantidad» de proyectos productivos no solo sobreviven sino que «han jugado un papel fundamental» durante la crisis sanitaria, «sobre todo los relacionados con la seguridad alimentaria».

Es el caso de un proyecto avícola apoyado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la ONG Paso Colombia. «La producción está al máximo. Producimos 150 canastas de huevos diarios, cada una de 30 unidades», afirma David Díaz, coordinador de la Granja Nueva Colombia. Estos huevos dan de comer a la comunidad del ETCR y los excedentes de venden al mercado local, «en plena época de escasez del producto».

También en El Oso, los caficultores temen que no haya mano de obra para la próxima cosecha, ante lo cual la cooperativa COMUMARFU ha ofrecido a ex combatientes como temporeros. En la misma región, una asociación de mujeres dedicada a la piscicultura ya ha vendido 26 arrobas de truchas al principal distribuidor de alimentos frescos de la zona.

Otros han optado por reconvertir sus empresas. En el ETCR de Caldono, en Cauca, el taller Hilando Paz ha cambiado la confección de ponchos por la de mascarillas con cambrela, un material biodegradable elaborado a partir de procesos de reciclaje.

El jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, Carlos Ruiz Massieu, reconoce que «los desafíos a la implementación del acuerdo de paz son mayores ahora por las medidas de aislamiento, las restricciones a la movilidad y, específicamente, del apoyo técnico directo a los proyectos de reincorporación».

Pero confía en que el apoyo internacional y la colaboración entre las partes permitan superar este escollo. «La situación actual de atención al coronavirus nos presenta unas nuevas circunstancias a las cuales debemos ser capaces de adaptarnos», reclama.

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Fuente:Europa Press