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¿A qué equipo perteneces? Al de las mujeres que han aprovechado el confinamiento para proporcionar mimos extra a su piel y cabello, o las que han simplificado su rutina de belleza diaria. Independientemente de con cuál de los dos te identifiques más, lo aconsejable es encontrar el equilibrio, por lo que no hace falta que te apliques en el rostro tres cremas hidratantes diferentes todas las noches como hace Demi Moore, pero tampoco es válido que uses la misma crema del cuerpo para la cara.

La principal diferencia que hay entre la piel de la cara con respecto a la del resto del cuerpo es que es mucho más fina; sobre todo la de la zona del contorno de los ojos y de alrededor de los labios. Además, “el pH de la piel es más sensible, por lo que se altera con más facilidad, y el rostro contiene una mayor concentración de glándulas sebáceas, cuya cantidad puede variar dependiendo de los cambios hormonales y las condiciones ambientales. Por no hablar que está normalmente más expuesta a los rayos solares, contaminación y luz azul”, explica Almudena Perera, directora de la clínica de medicina estética Beauty Room.

Las cremas faciales generalmente se centran más en los poros, las manchas, el exceso de grasa, la sequedad, las arrugas o el acné; mientras que las corporales suelen estar más enfocadas en la celulitis, la grasa y la flacidez. Además, las fórmulas de las segundas suelen contener ingredientes emolientes más espesos para hidratar y proteger, que pueden ocasionar exceso de grasa y brotes de granos si se aplican en el rostro; por no hablar de que lo normal es que sean bastante perfumadas, lo que puede irritar el cutis, sobre todo si tiende a la sensibilidad.

Ureadin Fusion Fluid SPF 30 de Isdin (23,35 €). Weightless Moisture Face Moisturizer de Benefit (41,50 €). Crema Recuperadora de Skinclinic (20,10 €).
Ureadin Fusion Fluid SPF 30 de Isdin (23,35 €). Weightless Moisture Face Moisturizer de Benefit (41,50 €). Crema Recuperadora de Skinclinic (20,10 €).

En cuanto al precio, es verdad que las referencias faciales tienen unos precios más elevados, pero esto es porque sus fórmulas son más potentes que las corporales y suelen incorporar ingredientes preciados y activos más eficaces. Y, como para cuidar el rostro tenemos que utilizar muchísima menos cantidad que la que usamos para el resto el cuerpo, la (a veces) elevada inversión dura unos cuantos meses; un dinero que seguramente no estaríamos dispuestos a pagar en un cosmético corporal.

En resumen: debes usar una crema específica para cada parte del cuerpo, aunque si un día estás en un apuro, no hay problema en que extiendas la referencia corporal sobre tu rostro. Eso sí, “si esto se convierte en la tónica habitual tu piel se puede irritar y tus poros obstruirse, provocando un brote de grasa; alrededor de los ojos también pueden aparecer pequeñas bolitas de grasa, y si tu piel es sensible o tienes algún ezcema se pueden agravar los problemas cutáneos”, concluye Perera.

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