. . .

Empieza la temporada del bronzer: cuatro errores que tienes que evitar en su aplicación

Empieza la temporada alta de los polvos de sol, sobre todo para las que optamos por prescindir de tostarnos en la playa o la piscina para conseguir el bronceado de toda la vida. Es una prevención cada vez más común, sobre todo a partir de los 40: muchas ya llevamos factor de protección pantalla total en invierno y en verano. Los bronzers, como los autobronceadores, nos permiten conseguir ese efecto buena cara que confiere habitualmente el moreno playero, pero sin pagar ninguna factura indeseada. Eso sí: requieren cierta pericia técnica y preparación previa para que el resultado sea óptimo. Fundamental: elegir el tono y la textura correcta para nuestro tipo de piel. Se trata de añadir un ligerísimo velo de color, no de subir varios tonos (para eso ya tenemos el autobronceador). Cuanta más fina y ligera sea la textura del bronzer, más fácil será su aplicación.

La sutileza es nuestra mejor aliada a la hora de aplicar polvos de sol.
La sutileza es nuestra mejor aliada a la hora de aplicar polvos de sol.

Tener la piel bien hidratada es importante si vamos a aplicar cualquier tipo de cosmético con color, más si es en polvo. Sin embargo, si aceleramos el proceso porque tenemos poca paciencia o mucha prisa, solo lograremos una piel con manchas. Es imprescindible que la dermis esté absolutamente seca antes de aplicar el bronzer. Cuidado, también, con la transpiración. Una buena solución si no podemos controlar absolutamente este factor es mezclar unas gotitas de bronzer líquido con la base de maquillaje (claro que ya nos obliga a recurrir a una base).

La elección del tono correcto del bronzer es el primer paso para un efecto buena cara impecable.
La elección del tono correcto del bronzer es el primer paso para un efecto buena cara impecable.

Imprescindible: no usar los polvos de sol en toda la cara. Buscamos naturalidad con toques en el nacimiento del pelo en la frente, el puente de la nariz, la parte superior del pómulo y, ligerísimamente, en la barbilla (los lugares que se broncean primeramente cuando nos exponemos al sol). Lo que no queremos de ninguna maner es sofocar la tez con un tono uniforme. La sutileza es clave: evitemos que el brillo de los polvos de sol impacte en todo el rostro. Por último, nos conviene elegir muy bien la brocha que vamos a utilizar para aplicarlo. Además de mantenerla siempre bien limpia, su grosor y tipo de cerda nos permite controlar la precisión y la intesidad del pigmento. La recomendación general es optar por una brocha grande, firme y flexible, que permita una buena difusión. Aquí solo nos queda confar en la prueba/error o en el consejo de un profesional. Preguntémosles.

También te interesa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *