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Cómo y cuántas veces tienes que limpiar tu mascarilla para proteger tu piel y evitar problemas como acné o rojeces

Cada día respiramos 8.000 litros de aire por persona y ahora, más que nunca, es importante saber que este no está contaminado. De ahí que el uso de mascarillas sea primordial. Sin embargo, aún tenemos dudas sobre su uso, cómo hay que limpiarla, o con qué frecuencia hay que lavarla, tanto para estar seguro como para mantener tu piel sana. Descubre cómo mantener y cuidar tu mascarilla para no solo lograr una higiene óptima, sino también para mantener su rostro a salvo de acné y rojeces durante todo el verano.

Usar mascarilla es esencial

“Cuando estornudamos, tosemos, hablamos o simplemente respiramos, emitimos pequeñas partículas al aire que pueden contener el virus que causa coronavirus”, declara José María Ricart, dermatólogo y director medico de Instituto Médico Ricart en Valencia y Madrid. Por eso el uso de la mascarilla es imperativo, ya que “puede reducir tanto la cantidad de las partículas que se respiran como la propagación de las mismas; esto último muy importante porque algunas personas están infectadas pero no tienen síntomas”, añade. Pero, además, “no solo es primordial llevarla, sino que también es básico colocarla como es debido: si está demasiado floja el aire puede introducirse en el rostro por los lados, sin haber pasado primero por ningún filtro”, concluye el doctor.

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Por qué hay que lavar la mascarilla tras su uso

Las mascarillas de tela deben limpiarse y desinfectarse después de cada uso. Para su limpieza tienes dos opciones: “lavarla con detergente a una temperatura entre 60 y 90 grados, en un ciclo normal de lavadora); o sumergirla en una dilución de lejía 1:50 con agua tibia durante 30 minutos y después lavarla con agua y jabón, aclarar bien para eliminar cualquier resto de lejía y secarla”, aconseja la Dra. Elena Martínez Lorenzo, dermatóloga de la Clínica Pilar De Frutos. Y si después la planchas, mejor que mejor.

Además, es crucial que no te coloques de nuevo una mascarilla que esté sucia, ya que “podría contener bacterias u otros microorganismos que se quedan en ella o que se pegan por tocarlas mucho (transmisión con la mano) o cuando las dejamos sobre superficies (mesas o barras de bar)”, explica la dermatóloga. Y también hay que tener en cuenta que “las propias bacterias que exhalamos con la respiración o que están en nuestra saliva son también contaminantes; de hecho estas son una de las causas de los brotes de acné peribucal”, apostilla Martínez Lorenzo. Por no hablar del maquillaje que “ensucia, retiene microorganismos y ocluye aún más la piel, empeorando más aún las dermatosis que aparecen en la zona de alrededor de la mascarilla”, concluye.

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Cómo evitar que tu mascarilla irrite tu piel

Cuando elijas tu mascarilla fíjate bien en cuál es el material con el que está fabricada. Elige materiales transpirables, como el algodón para minimizar el sudor y la grasa de la piel que se pueden quedar atrapados en la tela, y evita en la medida de lo posible que esté confeccionada con cualquier derivado del plástico o del petróleo. De esta manera “se pueden prevenir efectos nocivos tanto para el sistema respiratorio – este se ve forzado a trabajar más para llevar aire a los pulmones si la mascarilla dificulta la transpiración óptima y natural– como posibles irritaciones en la piel, como acné, rosácea e, incluso, dermatitis, debidos a la falta de traspiración”, aseguran desde la marca de mascarillas de algodón orgánico lamasQ.

Además, “el uso de las mascarillas sobre el rostro por un periodo de más de 3-4 horas puede provocar desde irritación por el roce de los tejidos o de las gomas, hasta problemas relacionados con la oclusión que producen los materiales del filtro, ya que estos obstruyen los poros y provocan la aparición de brotes de granitos”, explica María Segurado, dermatóloga asesora en cuidado de la piel de Nivea. De hecho, su uso continuado “favorece el sudor que, unido a la humedad que genera el vaho de la respiración, facilita la maceración de la piel y, por tanto, altera su estructura y resistencia, haciéndola más sensible y reactiva”, añade Segurado.

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Y, aunque cualquier tipo de piel puede sufrir alteraciones derivadas del uso de este accesorio imperativo, las sensibles y las mixtas con tendencia acnéica son las que pueden verse alteradas con mayor frecuencia, con casos de dermatitis, psoriasis agravadas, acné, rosácea, dermatitis perioral, rágades (boqueras), sequedad labial e incluso herpes. Por eso los expertos recomiendan retirar la mascarilla cada 2 horas para favorecer la oxigenación de la piel, siempre y cuando se esté en un entorno seguro y socialmente distanciado.

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